Pensar desde el dolor del otro: filosofía, educación democratica en clave latinoamericana

Por Marcelo Lobosco Filósofo del Derecho UBA . Especialista en Políticas Publicas Educativas
EN EL MOULIN ROUGE ARTISTAS SENTADOS A LA MESA PARÍS 1892 PINTURA DE LAUTREC REPRODUCCIÓN 


 Pensar la filosofía desde América Latina , supone asumir una incomodidad constitutiva. No se trata únicamente de habitar una tradición, sino de dejarse interpelar por aquello que en ella duele, falta o ha sido sistemáticamente silenciado. En este sentido, la lectura de Espectros de Filosofía. Los Estados Generales de la Educación Filosófica y su intervención en la vida democrática (2016) Editado por Editorial Biblos , habilita una reflexión situada sobre el modo en que la filosofía se inscribe —o se ausenta— en las prácticas democráticas contemporáneas.
El filósofo francés Jacques Derrida, en Estados de ánimo del psicoanálisis, Editorial Paidos (2001) propone una serie de variaciones en torno al sufrimiento que, más allá de los cambios gramaticales o de sujeto, conservan una invariante inquietante: la crueldad. “Cruelmente” permanece intacto, como si su sentido se impusiera por sí mismo, como si todos supiéramos de qué se trata. Sin embargo, esa aparente evidencia es precisamente lo que merece ser problematizado. La crueldad, entendida como una experiencia histórica antes que como una abstracción moral, remite a tramas de dolor, exclusión y violencia estructural que atraviesan de modo diferencial a los pueblos periféricos.Es una implémentation de la ultraderecha en algunos países del mundo multipolar actual que presenta ficciones ( Como afirmaba el Filósofo y Epistemologo Enrique Mari (2002))en el imaginario social de los ciudadanos actuales y una perversion en las practicas sociales
Pensar desde América Latina implica entonces disputar ese “como si” del acuerdo universal, desmontar la naturalización del sufrimiento y volver visible su inscripción en sistemas económicos, políticos y culturales concretos. En este punto, la filosofía de la liberación de Enrique Dussel resulta ineludible. Su llamado a dejarse interpelar por el dolor del otro —del excluido, del vulnerable, del condenado de la tierra, del migrante, del enfermo, del jubilado) desplaza el centro de la reflexión filosófica hacia la exterioridad del sistema. No se trata de hablar sobre los oprimidos, sino de pensar desde ellos.
Durante décadas, buena parte de la formación filosófica en nuestra región buscó legitimarse mediante paradigmas foráneos, como si la validación intelectual solo pudiera provenir de centros académicos extranjeros. Paradójicamente, ese recorrido permitió advertir la necesidad de recuperar lo propio: nuestros núcleos ético-míticos ( Ricoeur 2010)nuestras tradiciones críticas, nuestras experiencias históricas de sufrimiento y resistencia. La dialéctica entre lo universal y lo particular, lejos de resolverse en una síntesis armónica, permanece como una tensión productiva que exige una Hermenéutica Critica
En esta línea, la enseñanza y la práctica filosófica no pueden reducirse a la transmisión de contenidos ni a la repetición de cánones consagrados. Como ya señalaba Juan Bautista Alberdi , ( el primer filósofo Latinoamericano) en el siglo XIX, una filosofía desligada de sus funciones sociales pierde su potencia transformadora. “Tener una filosofía es tener una nación”, afirmaba el joven Alberdi, subrayando el vínculo entre pensamiento, derecho y vida colectiva. Esta afirmación, releída hoy, invita a repensar el lugar de la filosofía en contextos marcados por la desigualdad, la precarización y la fragilidad democrática, como forma de gobierno o estilo de vida,
La construcción de un lazo social auténtico —y no meramente formal o reticular— constituye aquí un desafío central. El encuentro con el otro, entendido como acontecimiento subjetivo que deja huella, es condición de posibilidad para una praxis filosófica no excluyente. Traducir la experiencia del otro, interpretarla sin absorberla ni neutralizarla, se vuelve una tarea ética y política ineludible.
Desde esta perspectiva, el derecho mismo deja de aparecer como un sistema neutral y se revela como una construcción histórico-social atravesada por relaciones de poder, silencios y opacidades que se manifiestan por ejemplo en el respeto de los Derechos Humanos ( Barcesat 2023) Subvertir su naturalización, como ha insistido una tradición crítica del pensamiento jurídico argentino y latinoamericano y Europeo, permite abrirlo a nuevas lecturas, más sensibles a las condiciones materiales de existencia.
La ausencia de ciertas voces —maestros, referentes, tradiciones— no implica su desaparición. Por el contrario, su presencia en la ausencia opera como una idea reguladora de la praxis histórica. ( E.Hernández 1990)Pensar con otros, generar un “nosotros” no excluyente, sostener el derecho a la filosofía como derecho a la palabra y a la interpretación, constituye una forma de resistencia frente a la crueldad naturalizada.
En definitiva, asumir una filosofía situada en América Latina , en Europa ,  USA ,supone articular pensamiento y acción, teoría y vida democrática, ética y política. Recuperar al otro —como enseña Dussel— es también recuperarnos a nosotros mismos, en la búsqueda de una ética de la autenticidad como manifestaban (San Francisco de Asis en el siglo XII y Jean Paul Sarte en el siglo XX y de una dignidad históricamente devaluada.

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